¿POR QUE EN EL ARTE 3+2 =7....?

FOTOGRAFIA DE LUIS MORALES, TOMADA DEL CATALOGO DE LA EXPOSICION PROSTHESIS
En el catálogo de la exposición fotográfica PROSTHESIS, el siguiente texto escrito por el crítico de arte Luis Fernando Valencia, hace la presentación de la obra.
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Luis Morales en la Sala de Suramericana
PHOSTHESIS
Por Luis Fernando Valencia
La primera reflexión que levanta la última serie de Luis Morales denominada "Prosthesis", prótesis en español, es la relación entre naturaleza y artificio, o lo que es lo mismo entre naturalidad y artificialidad. Si el hombre es de por sí naturaleza, y ésta es única e irrepetible, entonces estas prótesis ¿qué son? Hegel nos introduce en el tema: "Las cosas naturales son solamente inmediatas y una sola vez, pero el hombre como espíritu se duplica". Significa esto que el ser humano como espíritu trasforma la naturaleza para sí, para crear el ámbito que hace la vida posible. De inmediato surge el drama: ¿qué hacer cuando lo natural deja de ser, cuando falla? Aún siendo atributo del hombre humanizar lo natural y crear objetos artificiales para sobrevivir, esta naturalización de lo artificial siempre conlleva una tragedia.
De ahí que cuando observamos por primera vez la presente serie, el estupor se apodera de nosotros, el asombro no nos permite discernir y el pasmo suspende el momento en lo indescriptible. No hay narración pues de un tajo la historia está completamente contada, no existe argumento pues el golpe es netamente visual. Literalmente suspendidas, las prótesis detienen el tiempo y el espacio. El tiempo pues son la invocación de una "ya", y el espacio porque la pared blanca no nos permite una ruta de escape. Para completar el desconcierto, las prótesis tienen conciencia de estar ahí para ser exhibidas, para mostrarse. No nos dan tiempo de mirarlas, ellas nos miran a nosotros.
La prótesis es un paradigma para el pensamiento pues presenta, al desnudo, las dos caras de la misma moneda: por un lado, el reemplazo de un miembro, de una parte que ya no existe, y que debe ser emulada en su funcionamiento, y por el otro, tener apariencia humana, seguir siendo la fachada expresiva de lo humano, es decir, diferenciarse de una cosa, de lo inerte. Por una cara la prótesis es un ente netamente funcional, por el otro, es profundamente humana pues a su función debe agregar su apariencia natural, su deseo espiritual de parecer una parte digna del hombre, de una persona. En ese minucioso proceso de cumplir función y apariencia, materia y espíritu, en esa obsesiva intención de la búsqueda de lo natural, surge irremediablemente lo desgarrador.
Las prótesis que presenta la obra de Luis Morales, adquieren un valor expresivo por partida también doble: si quien la hizo luchó denodadamente por su aspecto humano y nosotros al mirarlas físicamente en su tridimensionalidad nos agobian, al pasarlas a la fotografía, Luis Morales acepta el reto ¡cónico que nos proponen: nos las sitúa de frente, cuando si tenemos un mínimo de vergüenza, una prótesis sólo puede mirarse de reojo. Atrapado el objeto en su bidimensionalidad, el ojo, aún conmovido, cautelosamente se posa sobre los impactantes detalles, recorre con restricción las superficies pulidas, y súbitamente toma conciencia del milagroso estado que constituye la salud, de lo extraordinario de lo normal. La prótesis llevada a la fotografía, genera más reflexión. Esto, de por sí, justifica el acto fotográfico.
La fotografía de esta serie desempeña un papel nada desdeñable: devolver a la prótesis lo que Walter Benjamín denominó el "aura". Al observar las fotografías vemos también lo invisible: la energía de su doliente, pensamos en el movimiento que posibilitará, el abuso de su uso, y la sensación de "trajinado" que como una luminosidad imperceptible se toma nuestra visión. Lo invisible físico es el aura, no es el alma que es inmaterial. En contra de la teoría de Benjamín, esta serie fotográfica es aurática. Luis Morales es consciente de esto y cada reproducción en vez de "gasta?1 el original, lo potencia, le crea más misterio. Ya como dice Juan Antonio Ramírez, el titulo benjaminiano sería: "la obra de arte en la época del original multiplicado". No hay "pérdida ontológica de ser" como dice Platón, sino "acrecentamiento de ser" como lo afirma Gadamer.
Con el espacio como elemento básico, Luis Morales ha afrontado en anteriores series aspectos del cuerpo humano, situaciones particulares del espacio arquitectónico, vestigios arqueológicos de la cotidianidad contemporánea. Ahora asume el riesgo, del cual sale airoso además, de enfrentarse al objeto. Y tratar con el objeto en el siglo XXI es esquivar los riesgos que éste ha corrido a través de la ligereza del objeto pop, el falso refinamiento de la cosa minimal, la pseudo presencia del elemento kitsch o la inmaterialidad de la propuesta conceptual. El objeto adquiere estatuto artístico a través de una espacialidad dura y seca que un muro blanco impertérrito le proporciona. El muro no es un fondo, completa la patética y plausible aparición de la prótesis.
¿Qué estrategia utiliza la obra que-teniendo apariencia local no cae en el fanatismo nacional? De entrada, el objeto no es una invención puramente estética, es nacido de una necesidad tan apremiante como genuina. El objeto en sí está dirigido a una emergencia imprevisible, la fotografía de Luis Morales convierte este hecho en un acto "humano, demasiado humano". ¿Y cómo aludir a una realidad nacional sin caer en el panfleto chauvinista? El objeto es frontal que significa tratar el tema sin eufemismos, afrontar lo evidente con lo vidente, es decir, sustituir la narración obvia por la imagen netamente visual. El formato mayor, además, no nos permite huir, nos atrapa en su orfandad.
Entonces un objeto que ¡nicialmente era destinado a sustituir una parte de lo natural, y que quién lo elaboró físicamente trató por todos sus medios de darle una apariencia digna para la expresividad del cuerpo humano, o sea un acto heroico de reconvertir en naturaleza lo artificial, una lucha inmensa contra la deshumanización. Ahora, cuando Luis Morales lo convierte en pieza artística, en modelo ejemplar humano, inicia la ceremonia de transformar el objeto en rito, el proceso en mito, y lo que cumplía un papel mecánico y funcional, es ya lo que es el arte: una donación cultural del hombre para el hombre.
Medellín, Colombia, julio de 2009.
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